Connect with us

Opinión

Bitácora de enero

Publicado

el

En el fondo, los desbordes simbolizan la ineficacia y la corrupción que ha inundado al país y que, cuando no puede levantárselo en peso, busca paralizar al Perú.



Enero y febrero siempre han sido meses de lluvia en la sierra. También de alerta ante la eventual llegada del Fenómeno del Niño. Y casi siempre los cambios de clima han encontrado al país mal preparado. ¿Por qué? Por la falta de una planificación efectiva, de previsión y por la ausencia de autoridad.

A la gente parece no importarle levantar sus viviendas en las zonas de riesgo, y el populismo entra en complicidad con lo que en la práctica es un crecimiento chicha e irresponsable. El resultado es que los aludes, los huaicos y una sumatoria de lluvias arrasan lo que nunca debió estar ahí. Esta historia siempre se repite, y tal vez no sea más que una metáfora de un subdesarrollo que el propio Estado estimula con su inacción.

Pero ahora el Fenómeno El Niño llega tras una “reconstrucción con cambios”, reconstrucción que fracasó desde un principio: no por falta de presupuesto o de buenas intenciones, sino por incapacidad y por una inadecuada coordinación. Quizás, incluso, por intereses corporativos o por compras insensatas como las “casas de cartón”. Reconstrucción que se inició cuando Vizcarra era vicepresidente e “ingeniero” gobernante.

Esta vez las autoridades afirmaron hasta el último minuto que no habría El Niño, lo que relajó a los pobladores y a algunos funcionarios. Ahora, sin embargo, se afronta una avalancha de huaicos, desbordes, etc. Ya hay zonas declaradas en emergencia. Siempre es así, y es que –a diferencia de otros países– el Perú no puede con su clima.

Pero también se han dado problemas por aniegos, por ruptura de tuberías y por mala ingeniería. El agua de las alcantarillas salió a las calles, inundó casas, malogró muebles, porque la ingeniería estuvo mal hecha y porque en su momento las autoridades no supervisaron adecuadamente. Esto ha ocurrido no solo en San Juan de Lurigancho; también afectó otras zonas de la ciudad de Lima.

En el fondo, el desborde simboliza la ineficacia y la corrupción que ha inundado al país y que, cuando no puede levantárselo en peso, busca paralizar al Perú. Se ha extendido a todas las instancias de la esfera pública; ha ahogado la credibilidad, ha generado pugnas económicas, enfrentamientos en el Poder Judicial, en la Fiscalía y en la forma de hacer política.

La corrupción desborda también lo etéreo: evidencia la falta de consistencia, la maña en los juicios, la búsqueda de plata fácil, la política como forma de hacer dinero. Y desborda igualmente la utilización de membresías políticas vacías de contenido (PpK cambia de nombre con pretensiones de borrón y cuenta nueva), el transfuguismo y la actitud obstruccionista.

Ese es, al final de cuentas, el verdadero huaico, la verdadera emergencia, el principal desborde: la omnipotencia de lo corrupto, la gestión pública como mecanismo de asalto, la complicidad en la transgresión, la utilización de lo público como forma de aprovechamiento, la ineficacia por compadrazgo, la falta de una visión de desarrollo. Prácticamente todo lo demás –incluyendo la falta de planificación– viene de eso.

Seguir leyendo
Click para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Opinión

Bonos soberanos: el pez por la boca muere

Seguir leyendo

Opinión

Putin ofende al Grupo de Lima

Seguir leyendo

Opinión

M en calzones de seda

Seguir leyendo

Tendencias

Director: Ricardo Vásquez Kunze.


Contacto: info@politico.pe

Copyright © 2019 Todos los derechos reservados a favor de Político.pe. Aviso Legal. Desarrollado por Smart! Grupo Creativo