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Opinión


1 Febrero, 2018.

Bitácora de enero

Resumen del primer mes de un año crucial para la gobernabilidad y para la continuación de las políticas públicas

Enero tuvo como principal protagonista al papa Francisco, quien trajo una palabra de inclusión y de otredad. Su visita demostró que, cuando hay liderazgo, el país es capaz de unirse y de escuchar. Y para los que predicamos la fe católica fue muy significativo escucharlo.

Tuve la suerte de asistir a la misa de Las Palmas y fue impresionante formar parte de esa multitud de más de un millón cuatrocientas mil personas que —de manera tranquila, ilusionada, abierta, sin queja alguna, y con vocación de paz y de amor— se congregó durante horas. Esta experiencia demuestra que más allá de sus problema  el Perú está en búsqueda de valores de integración, ilusión y esperanza; que es posible sentarnos a oír, dándonos como sociedad un descanso y una oportunidad de encuentro reflexivo y sereno.

Pero enero, además de la visita papal, trajo también otras novedades. Tras quince días de silencio gubernamental, finalmente llegaron los cambios en el Ejecutivo. Mercedes Araoz se mantuvo en el cargo, en una apuesta riesgosa porque se trata de la segunda vicepresidenta.

Y es que un vicepresidente no debería gobernar. Menos aún en el actual contexto. No porque su participación no sea necesaria sino porque los vicepresidentes deberían saber mantenerse como piezas de recambio y/o de reserva moral. Esto adquiere singular importancia si se toma en cuenta que la sombra de la vacancia está volviendo a aparecer, a la luz de informaciones que indicarían que el presidente habría participado en el pasado en proyectos que después él mismo como ministro habría beneficiado. Para decirlo en buen castellano, habría dupleteado.

Si lo anterior se confirmara, los problemas que acarrearía serían de pronóstico reservado. Lastimosamente, el primer vicepresidente arrastra el problema de la adenda Chinchero y se acaba de anunciar que el Estado peruano será llevado a un arbitraje internacional, lo que equivale a decir que deberá indemnizarse con decenas de millones de dólares la anulación unilateral de una adenda tercamente suscrita y que días después fue anulada. ¿Con esa fragilidad podrá gobernar?

Enero también fue un mes de reacomodos al interior de algunos partidos políticos. El hijo del expresidente Fujimori fue expulsado de Fuerza Popular justo cuando ya superaba a su hermana en las encuestas. Esto le abrirá el camino para la conformación de una nueva tendencia parlamentaria que tomará distancia de la bancada mayoritaria, y que apostará por vincularse con el gobierno de una manera diferente. De esta forma, el fujimorismo ha quedado partido: una facción apoyará la gobernabilidad desde una posición más flexible y la otra se mantendrá en la oposición.

¿Cómo quitarse esa piedra del zapato que perturbará a Fuerza Popular? ¿Cómo eliminar esa eventual alianza? Muy simple: vacando al presidente. Y ahí está el peligro. Ahora, además, hay dos líderes de la misma familia en escena. Uno habla, se muestra, conversa, se comunica; otro guarda silencio, se muestra distante, habla en voz baja y no se expone. Él es más Higuchi; ella, más Fujimori.

Otro punto que entró a la discusión en la agenda de enero fue la compra de farmacias por parte de un grupo local. Ahora cuatro cadenas pertenecen a un mismo conglomerado. Y la presencia dominante de este grupo es tan fuerte que a futuro hasta podría imponer los precios de los medicamentos. Además, esta posición dominante podría convertirse en un factor de presión para que los laboratorios vendan menos medicamentos genéricos en favor de productos más comerciales. ¿Por qué? Porque si se venden más medicamentos de marca se gana más.

No es improbable que en este juego de estrategias comerciales las medicinas bajen de precio en los próximos meses, no por buena gente sino para quebrar a las pequeñas farmacias —que son casi negocios familiares— y sacarlas del mercado. ¿Por qué no se reguló esto con la debida anticipación? Algo parecido está pasando con las bodegas de barrio y, en cualquier momento, podría ocurrir con las cadenas de grifos.

Así las cosas entramos a febrero, un mes en el que seguramente de mantendrá el ambiente tranquilo mientras duren las vacaciones de los congresistas, aunque este sea un año crucial para la gobernabilidad y para la continuación de las políticas públicas.


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