toggle menu

Opinión


7 Enero, 2018.

Bitácora de diciembre

PPK está pagando sus errores: gobernó desde una posición estrictamente técnica y sin inteligencia política.

¿Qué podrá ser lo más resaltante de todo lo que pasó en el agitado mes de diciembre? ¿La moción de vacancia o el indulto a Fujimori? ¿La exigencia de un debido proceso para PPK o la forma de cómo él tramitó el indulto? ¿Las afirmaciones de que decía la verdad o las acusaciones de que luego mintió?

Todo esto sucedió en diciembre: captó la atención y afectó la gobernabilidad. Por lo mismo fue un mes de crisis, de incertidumbre y de vacío de poder; el peor de los meses para PPK y uno de los más zozobrantes en muchos años.

Cómo habrá sido la incertidumbre que por momentos parecía que el gobierno era un barco sin rumbo, una especie de Titanic en vía y sin capacidad de reacción, sin posibilidades de dar un giro exitoso para salvarse. Y en todos lados se hablaba de eso: en la calle, los taxis, los malls, la radio, la televisión, la cena navideña, el extranjero. Hubo hasta expresiones de lástima, a pesar de un inesperado Condorito que matizó el debate y de las fiestas de año nuevo.

Hoy en día PPK está solo en un laberinto que él mismo levantó. Pesa sobre él la mirada de un país que quiso gobernar pero que, quizás influenciado por la vanidad de su entorno, condujo a una gobernabilidad sin salida. Es obvio que no supo negociar ni con la oposición ni llevarse bien con el Congreso y menos trascender la mirada de un grupo que se autoetiquetó como “de lujo”. Y lejos de potenciar la democracia casi se ahoga en ella.

Diciembre le pasó la factura por haber sostenido durante a un año y medio a un establishment cerrado y confrontador, terco y sin capacidad de autocrítica. Hubo días en los que parecía que lo que había era un gabinete fantasma; que Mercedes Aráoz parecía vivir escondida, que no había ministro del Interior, que no se sabía quiénes seguían y quiénes no. Los ministros se ocultaban.

A estas alturas, el pleito ya no es con la oposición sino con el país. La tensión está ahora en la gente de a pie.  No solo no hay diálogo, sino que además existe desconexión. La oposición se ha trasladado al desencanto del gobierno.

En este contexto, el presidente ha optado por un mal llamado “gabinete de la reconciliación”. Y el APRA, Acción Popular, APP y FP ya anunciaron que no participarán. PPK no parece darse cuenta de que una reconciliación, de ser necesaria, no debe darse al interior del gabinete sino en las zonas afectadas: por ejemplo, en las obras y avances que no se han hecho, en los contratos sin lobby, en la sencillez, en la otredad comunicacional, en la frustración, molestia, decepción. Si con algo o alguien tiene que reconciliarse el actual gobierno es con esa invisibilidad que representa “Garabombo”, en las páginas de la literatura peruana.

Persiste, además, un problema de atención y escucha por parte del gobierno. Y se nota, en momentos de crisis, la falta de un liderazgo cívico y reflexivo. La oposición y el congreso también aportaron lo suyo. Pero ellos no gobiernan desde el Ejecutivo.

Hay corrupción en el país. Y mucha. PPK está pagando sus errores. Gobernó desde una posición estrictamente técnica y sin inteligencia política. No existe una unidad de análisis que piense en términos de gobernabilidad. Y nada indica hasta ahora una voluntad real de cambio.

Así transcurrió el 2017: un año de desencuentros, de sobrevivencia, catástrofes, mucho desgaste y hartazgo. No todo es malo felizmente. Este año viene el papa, el Perú va al Mundial, hay elecciones democráticas y habrá reactivación económica.

Seguiremos aportando nuestra mirada de la coyuntura, bitácora a bitácora, a lo largo del año. Feliz año a nuestros lectores.


Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,