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Bitácora de abril: partida impactante

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Como los capitanes que deciden morir en su barco, el expresidente optó por la muerte como su última acción política.



Prefirió asilarse en otra dimensión, antes que permitir que se desdibujara lo que ya había vivido y pasar por una detención que le hubiese significado indignación, un golpe a su autoestima, una mala imagen ante a sus hijos y ante un país que lo eligió dos veces presidente. Consideró que debía optar por la vida tal como la había construido y querido, y no por un escenario de humillación, de burla, de memes, de régimen carcelario, y de morbo enmarrocado. Y murió, apostando por mantener su presencia en los libros de historia como ya se había establecido, a sabiendas de que un enjuiciamiento además hubiese golpeado al partido del pueblo que él simbolizaba.

Como los capitanes que deciden morir en su barco, el expresidente optó por la muerte como su última acción política. Prefirió un gran entierro a una posible agonía carcelaria. Y se fue con una escena de impacto como solía hacerlo. A eso nos tenía acostumbrados.

Obviamente esto ha generado sensaciones de mucho pesar, consternación, y ha resultado traumático para todo el país. Todos, de una u otra forma, estamos conmovidos. Nadie se puede alegrar de eso.

Pero el expresidente había dado señales de que esto podía ocurrir, y no una sino varias veces (incluso, en su última entrevista dice que cree en la vida después de la muerte). No poder salir del país y la sobreprensa le generaron muy probablemente matices depresivos. Se encontraba solo y naturalmente angustiado. Se despidió de sus alumnos un día antes y a su manera dijo que ya no volvía: brindó una última entrevista antes de morir, en la que hizo comentarios y descargos sobre temas delicados. Y dejó una carta que leyeron sus hijos.

También dejó indicaciones a su secretario personal. Fue una muerte asumida y meditada. Hasta le puso a su carta más importante su huella digital. Solo él debe saber cómo se sentía en esos momentos de despedida.

Con esto termina una etapa en la política peruana, y también un gran segundo ciclo en el Partido Aprista. El APRA y sus militantes tienen derecho a tener los héroes o mártires que consideren tener y nadie puede objetarles eso. Eso debe respetarse. Sus hijos, además, merecen el aprecio, el respeto y la protección del Perú.

La partida de García debe ser una razón más para abrir un espacio de diálogo y reflexión, de sana y respetuosa conversación. Es necesario volver a los libros y a la comprensión de la historia, a las bases fundantes, a las diferencias y las confluencias, porque estamos viviendo el presente desde una perspectiva demasiado pragmática, impulsiva y hasta atormentada. Casi no hay elaboración del día a día. Y el país requiere de una mirada armónica hacia el futuro. Esa será al final de cuentas la más grande riqueza: el diálogo como reserva para el futuro.

Desde estas líneas, las expresiones de condolencias para los familiares del líder aprista y sus amigos y correligionarios.

Foto: Perú.com

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