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Opinión


7 Mayo, 2018.

Bitácora de abril: el Perú ahora tiene acento provinciano

Ahora el país es dirigido por dos expresidentes regionales: atrás quedaron las frases descalificadoras, el pecheo, la pizarrita como burla mediática, el rencor electoral. Y, aunque es muy pronto aún, todo indica que se está construyendo una forma de diálogo con la oposición.

El tono con el que se habla al Perú ahora es distinto. Se siente el acento provinciano. Ya no hay señales de arrogancia. Tampoco una actitud confrontadora. Menos aún declaraciones improvisadas.

Ahora el país es dirigido por dos expresidentes regionales. Y es que el proceso de descentralización (con sus fallas, vacíos y falencias) terminó colocando a Vizcarra y Villanueva en el gobierno. Atrás quedaron las frases descalificadoras, el pecheo al Parlamento, la pizarrita como burla mediática, el rencor electoral. Ya no se aprecia un tecnicismo empoderado y, aunque es muy pronto para adelantar opinión, todo indica que se está construyendo una forma de diálogo con la oposición.

Igual no se puede asegurar todavía si esta calma es aparente (propia de una luna de miel) o si realmente se consolidará en los próximos meses. Vizcarra además solo tendrá tres años y medio. Eso, lejos de ser una limitación en su caso, será una ventaja porque tendrá menos tiempo para exponerse a un desgaste.

Pero abril no fue únicamente un mes de asentamiento para el nuevo gabinete. Fue también un mes de negociaciones bajo la mesa. La obvia manipulación los kenjivideos empaña la labor de un parlamento que no parece alcanzar la legitimidad necesaria para impulsar la reforma política de su propia institución. ¿Cómo plantear una bicameralidad desde un Congreso que tiene congresistas que mienten en sus hojas de vida, falsifican estudios, manipulan audios o hacen denuncias públicas que después no reafirman ante la Fiscalía? ¿Es ese el perfil de los candidatos que finalmente postularían a una segunda cámara? Los cambios ya se dieron en el Ejecutivo; ahora falta encontrar la manera de sincerar la dinámica del congreso y hay ahí una tarea a realizar.

Mientras todo esto se empieza a articular, casi no se sienten los entretelones de la próxima contienda electoral. Además, llama la atención la falta de protagonismo de los partidos tradicionales en este tema: ni el APRA, ni APP, ni el Nacionalismo, ni Peruanos Por el Kambio parecen tener candidatos de fuerza. Fuerza Popular acaba de postular a un invitado. No hay, en líneas generales, precandidaturas partidarias que indiquen un interés real por una discusión programática, por una planificación consistente y desde las bases. ¿Para qué recibieron financiamiento del Estado si esta discusión brilla por su ausencia? Nada de eso aparece en la escena pública, salvo excepciones.

El gobierno tampoco se ha manifestado sobre la posibilidad de implementar de una coherente estrategia de supervisión de las nuevas candidaturas y de sus formas de financiamiento. Es evidente que el actual sistema de supervisión no funciona. Y las preguntas ya están surgiendo de manera espontánea.

¿Cuál será el nivel de seriedad y calificación de los candidatos? ¿Habrá filtros éticos, policiales, judiciales, activados con la debida anticipación? ¿De dónde saldrá la plata para estas campañas? ¿Se permitirá una vez más la doble contabilidad en los informes financieros? ¿Todo esto será evaluado durante el proceso o recién después de las elecciones, cuando ya todo sea pasado y las autoridades ya hayan sido elegidas?

El país quiere unas elecciones sin candidatos bamba, sin mentiras en las hojas de vida, con candidaturas de aportes demostrables, y con las condiciones institucionales para que esas candidaturas sean mucho más que estados de ánimo improvisados. De lo contrario, una vez más, tendremos más de lo mismo.

Otro tema fundamental que subyace de la discusión política de abril es el de la lucha contra la corrupción. Y aquí el nuevo gobierno no está convenciendo. Son necesarias acciones más sólidas y concretas. También se debe revisar lo permitido durante la gestión de PPK. Todos los meses, por ejemplo, el Estado transfiere a la empresa Odebrecht la suma de 26 millones de dólares por el proyecto Olmos. ¿Indagará Vizcarra si hubo corrupción en ese contrato o no tocará el tema?

Otro ejemplo: ¿se preocupará el gobierno por investigar los contratos de peajes? Con PPK, estos y otros aspectos jamás habrían sido revisados pero ahora hay condiciones distintas. El nuevo gobierno debiera tomar cartas en el asunto si realmente quiere combatir la corrupción. Es muy evidente que hay contratos vigentes como producto de la corrupción y el nuevo gobierno no ha anunciado nada al respecto.

Más allá de eso, abril ha sido un mes de preparación para lo que viene. Un mes de decantamiento de temas latentes. Un mes de negociaciones y reacomodos. También un mes casi premundialista, de buenos deseos y oportunidades.

El país siente que tiene una segunda oportunidad con el cambio de presidente y ojalá Vizcarra y su gabinete sepan aprovecharlo. De un sinceramiento institucional –sin transgresiones ni aprovechamientos contractuales– y también de una buena relación con el Congreso dependerá la gobernabilidad que todos los peruanos deseamos. A ver qué pasa de aquí a Fiestas Patrias.


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