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Opinión


22 Marzo, 2018.

Bajó todavía más la valla de Humala

El poder desgasta solo a quien no lo posee.

Germán Jiménez Borra

| Columnista invitado

El 22 de diciembre del año pasado, a raíz del primer intento de vacancia a este régimen, concluí que gane o pierda PPK igual iba a quedar convertido en un “caminante sin alma, generador de lástima por lo que fue y no pudo ser” y no me equivoqué. Luego de tres meses y estando ad portas de un nuevo proceso de vacancia, PPK ha renunciado.

Los videos y audios de Mamani Producciones han terminado de hundir a este Titanic de plástico que flotaba por inercia sin rumbo ni objetivos fijos: el informe de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) en el que se registran transferencias de US$ 6’839,494 dólares por parte de consorcios vinculados a Odebrecht a las empresas Westfield Capital Limited, First Capital y Asesoría Limitada. Todas ellas se encuentran vinculadas directamente a PPK, son inapelables y luego de formalizarse su salida como presidente tendrá que rendir cuentas a la justicia sin las comodidades y prerrogativas que ha tenido hasta el día de hoy.

Quienes creímos que no había manera de bajar la valla puesta por los Humala nos equivocamos. En menos de veinte meses, PPK nos ha demostrado que el llamado “gobierno de lujo” solo era un maquillaje; un maquillaje que rápidamente fue desapareciendo para mostrarnos las cicatrices no de la experiencia sino de la falta de escrúpulos de un gobernante que durante su vida como empresario y funcionario público tuvo como modus operandi el lobby para beneficio personal y de particulares.

Pero esta historia dista mucho de terminar. La actuación del congresista y aprendiz de espía por encargo de Fuerza Popular, Moisés Mamani, y las propuestas que recibió de parte de los “Avengers” y de miembros del ejecutivo como Bruno Giuffra desnudan la podredumbre política en la que estamos envueltos. Pareciera que somos atónitos espectadores en una trifulca entre Lucky Luciano y Al Capone.

Por todo lo anterior, el flamante sucesor Martín Vizcarra va a tener que hilar fino. Sin partido político y con una mayoría opositora deberá tender puentes, negociar y sobrevivir –si lo dejan– hasta el 2021 y demostrar que, a diferencia de su antecesor, si puede ejercer el poder conferido. Debe aprender de la gestión de PPK: el poder desgasta solo a quien no lo posee.


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