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Assange, marioneta de dictadores

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Gobiernos que cargan sobre sus espaldas una gran cantidad de muertos, torturados y encarcelados ahora se presentan como protectores de los derechos humanos de un hacker.



El gobierno del presidente del Ecuador, Lenin Moreno, retiró el asilo político concedido a Julián Assange, fundador del portal Wikileaks. Assange está denunciado ante la justicia por hurtar y filtrar miles de documentos secretos, sobre actividades militares y diplomáticas de los Estados Unidos.

Ecuador ha exhibido excesiva paciencia e inexplicable tolerancia durante los siete años que lo mantuvo alojado (gastando más de 6 millones 500 mil dólares entre seguridad, abogados, alimentación y atención médica). Sin embargo, amparado por el presidente Rafael Correa, el hackeador no mostró una conducta acorde a los protocolos internacionales que regulan esa institución humanitaria: más bien se proyectó altanero y desafiante en el balcón de la residencia ecuatoriana en Londres.

Al pie del escudo nacional, enseñaba libros o hacía declaraciones impropias; más aún, en un acto infame y psicótico volcó su materia fecal en las paredes de la residencia. Del mismo modo, interfirió en asuntos de otros Estados, maltrató diplomáticos y personal de servicio, utilizó los pasillos de la embajada  para desplazarse en patineta, coordinó con otros hackeadores actividades ilegales y –en el extremo del abuso– está imputado de haber impulsado una campaña para desacreditar el actual mandatario ecuatoriano.

En ese sentido, recordemos que las convenciones sobre asilo señalan que un Estado puede conceder y retirar ese beneficio sin expresión de causa. Así lo establecen los acuerdos de Montevideo y Caracas de 1939 y 1954 respectivamente –tal como la ley peruana 27840 del 29 de noviembre del año 2005–, instrumentos que prohíben a un asilado intervenir en asuntos políticos que comprometan la seguridad nacional o las relaciones e intereses del Estado protector. Assange, no obstante –utilizado por el exmandatario Rafael Correa y por los gobernantes chavistas– hizo escarnio de esos protocolos y se dejó usar con el único propósito de hostilizar al gobierno norteamericano.

Resulta comprensible, entonces, que el mayor violador de los derechos humanos de América, el venezolano Nicolás Maduro, emita un pronunciamiento expresando su “más categórico rechazo a la atroz decisión que privó del derecho de asilo diplomático al ciudadano australiano-ecuatoriano”, agregando que su arresto fue realizado “de forma torpe y vergonzosa por al policía británica”. Otra furibunda chavista –hoy procesada por enriquecimiento ilícito–, Cristina Kirchner de Argentina, dijo: “Es el mundo al revés; las noticias falsas circulan libremente y aquellos que revelan la verdad son perseguidos y encarcelados”.

Por otro lado, el Partido de los Trabajadores del Brasil –brazo político de Lula y eje de corruptelas en el hemisferio– también condenó la decisión ecuatoriana, manifestando que “viola principios fundamentales de protección a los derechos humanos de la ONU y la OEA”; para agregar que es “algo inaudito en la historia diplomática mundial”.  Evo Morales, a su vez, manifestó “solidaridad con este hermano que es perseguido por el gobierno de Estados Unidos por revelar sus violaciones a los derechos humanos, asesinatos de civiles y espionaje diplomático”.

La cereza del pastel la puso el exmandatario Rafael Correa cuando dijo que retirar el asilo a Assange es “una de las traiciones más grandes de la historia latinoamericana”. Añadió que esa decisión se adoptó “para acceder a un préstamo de 4200 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional”.

Y para que no quede ninguna duda de que Assange se encuentra al servicio del comunismo o de la izquierda antidemocrática de la región, Radio La Habana de Cuba participó en el festín de ataques al gobierno ecuatoriano, destacando la declaración de la portavoz de la cancillería rusa, María Sajarova, quien muy suelta de huesos dijo que las autoridades británicas “han estrangulado la libertad ” e, incluso, sostuvo que Assange podría ser condenado a muerte en los Estados Unidos (aún sabiendo que no existe ninguna posibilidad de que ello ocurra).

Es decir: gobiernos que cargan sobre sus espaldas una gran cantidad de muertos, torturados y encarcelados ahora se presentan como protectores de los derechos humanos. Muy bien, por ello, que el presidente Lenín Moreno haya hecho respetar la soberanía y dignidad de su país, con estricto apego al derecho internacional, retirando el asilo a quien abusó de ese privilegio y poniendo en evidencia a la cofradía que usó al hackeador australiano para sus fines políticos.

Foto: 24horas.cl

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