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Opinión


22 Noviembre, 2016.

Asia-Pacífico y el Perú

Históricamente, la relación de nuestro país con Asia ha mantenido un increíble potencial gracias al Océano Pacífico.

Michel Laguerre Kleimann

| Columnista invitado

El jurista Carlos Fernández Sessarego sostuvo que “la libertad es proyección de actos o conductas en función de un futuro apoyándose en el pasado”. Extrapolando esta definición al planeamiento de la gran estrategia, aparece imponente el estudio reflexivo de la historia para sostener las estrategias de políticas de Estado.

Por ejemplo, observemos lo propuesto por el capitán de navío Ricardo Forsyth Rivarola en 1988: “Las riquezas de la llamada Cuenca del Pacífico constituyen una reserva vital no solo para los países ribereños, sino para toda la humanidad […] La importancia económica de la zona aumenta cada día más por los recursos existentes, y por el gran dinamismo comercial que se ha impuesto […] Los centros de poder mundial se están desplazando hacia el Pacífico […], bien podemos decir que estamos asistiendo al nacimiento de la Era del Pacífico”. Podemos afirmar con optimismo que esa realidad es conocida por el Perú.

De hecho, desde tiempos virreinales el Galeón de Manila conectó a través del comercio a estas regiones vinculadas por el Océano Pacífico. Tanto las mercaderías como las ideas, la cultura y el progreso, así como las personas, se conectaron a través del medio marítimo. Vale recordar las tempranas expediciones de Álvaro de Mendaña (1567-1569, 1595-1596) que zarparon desde el Callao y descubrieron las islas Salomón y Marquesas, respectivamente.

Desde la óptica diplomática y comercial, el limeño capitán de navío Juan Francisco de la Bodega y Quadra tuvo actuación principalísima en la cuestión Nootka, en la actual costa oeste de Canadá, durante el último cuarto del siglo XVIII. Se trató de un incidente originado entre Gran Bretaña y España por el comercio de pieles de nutria con Cantón. Este bien era de los pocos que despertó el interés comercial del “cerrado” imperio asiático.

En tiempos republicanos la perspectiva del canciller de la Riva Agüero y Looz Corswarem (1872-1875), destacada por el diplomático e historiador Hugo Pereyra, evidenció la agudeza propia de la política exterior de aquellos años: “En el movimiento general del progreso humano, los pueblos del Asia Oriental, especialmente la China y el Japón, están llamados a ejercer poderosa influencia en el equilibrio de las sociedades modernas […] ; interesan de un modo más particular a los estados incipientes de América”.

En aquel contexto se mandó como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario al capitán de navío Aurelio García y García para abrir relaciones diplomáticas con los imperios de China y el Japón.

Con estos antecedentes de la presencia peruana en la región Asia-Pacífico (sin mencionar los posibles viajes del inca Túpac Yupanqui a la actual Polinesia), se observa el increíble potencial para el país de explotar los cinco atributos del mar (recurso, medio de transporte, medio de información e intercambio de ideas, medio de dominio y, finalmente, medio ambiente) focalizando su atención en el océano Pacífico (APEC y la Alianza del Pacífico son un clarísimo ejemplo).

Este acercamiento tendrá entre sus resultados —aunque suene a verdad de Perogrullo— un sólido crecimiento económico que puede ir acompañado de un desarrollo humano con el intercambio mutuo de tecnologías y conocimientos.


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