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Opinión


18 Abril, 2018.

Aquí todos son malos

Se trata de una vorágine bélica en la que todos esgrimen defender una buena causa, olvidándose de que ninguna causa puede ser buena cuando se tienen las manos manchadas de sangre inocente.

Germán Jiménez Borra

| Columnista invitado

Aproximadamente 470 mil muertos, de los cuales 80 mil son mujeres y niños; adicionalmente, cinco millones de pobladores desplazados. Ese es el balance que hasta el momento va dejando el conflicto en Siria.

Algunos la llaman guerra civil pero, en realidad, es una matanza indiscriminada que empezó con el reclamo de sus ciudadanos por la democratización de su país. Luego de una represión brutal por parte del gobierno de Bashar al-Asad, ha devenido en una vorágine bélica en la que todos esgrimen defender una buena causa y olvidan que ninguna causa puede ser buena cuando se tienen las manos manchadas de sangre inocente.

Los rebeldes al régimen son un grupo de guerrilleros variopintos conformados por desertores del ejército oficialista, milicias kurdas y, sobre todo, por extremistas del Estado Islámico (ISIS). Ellos actualmente controlan la mitad del territorio sirio y han motivado la intervención militar de parte de Norteamérica, Francia y el Reino Unido, quienes aducen que sus bombardeos iban dirigidos a las bases estratégicas de ISIS, terroristas a su vez autores de atentados contra la población civil de estos mismos países. Y para quienes creen que la lucha es solo contra la brutalidad del grupo ISIS hay que recordarles que el oficialista Bashar al-Asad es también parte de esta brutalidad: el ataque con armas químicas perpetrado a la población civil en la ciudad de Damasco es un genocidio por donde se le mire. A todo esto el presidente de Rusia, Vladimir Putin, sale en defensa de Bashar al-Asad argumentando combatir el terrorismo representado por ISIS.

En teoría podía pensarse que tanto Norteamérica, Francia, Reino Unido y Rusia tienen el mismo fin común, la lucha contra ese terrorismo mundial encarnado por ISIS. Entonces, ¿qué es lo que no encaja?

Detrás de tantas explicaciones aparentemente contradictorias, solo hay una verdad. El territorio de Siria no solo limita con los yacimientos más importantes de petróleo y gas en el mundo; también es uno de los principales compradores de armas a Rusia. Precisamente en su territorio se encuentra instalada una base naval rusa, en la única salida al mar Mediterráneo: algo que Norteamérica y sus aliados no pueden permitir. Ese es el meollo del asunto.

Por tanto, no se trata de defender la democracia ni de acabar con el terrorismo. Es simple geopolítica e intereses económicos y militares. Tampoco importan los cientos de miles de muertos, los millones de desplazados ni los huérfanos producto de tanta barbarie. A diferencia de las películas que estamos acostumbrados a ver, aquí todos son malos.


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