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Opinión


12 Febrero, 2018.

Ante la tragedia, frivolidad

Ante la terrible muerte de Jimenita, la ministra de la Mujer no concibió mejor acción que viajar al Segundo Diálogo Global para la Felicidad, en Emiratos Árabes Unidos, un país donde por lo demás la situación de la mujer se encuentra notoriamente disminuida.

Todos estamos conmocionados por la terrible muerte de Jimenita, abusada sexualmente, asesinada y carbonizada por un monstruo, por lo que no dudo de las genuinas expresiones de pesar y tristeza de la primera ministra en el encuentro que tuvo con la familia de ese angelito que hoy debe estar en el cielo. Ella es madre y una buena mujer.

Sin embargo, la señora Aráoz también preside el gabinete ministerial y una de sus ministras conduce el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables. Eso hace que nos preguntemos qué hace esta entidad por los miles de menores en situación de abandono. Niños que viven drogándose en la calle, niñas que ejercen la prostitución a vista y paciencia de un Estado indiferente y cruel; criaturas indefensas que son maltratadas y violadas a diario, y que luego —comprensiblemente— se convierten en peligrosos delincuentes si es que no acaban en una fosa común sin nadie que los reclame.

¿No es el rol del Estado velar porque esto no suceda, destinando los recursos necesarios para erradicar la espantosa realidad que nos golpea en la cara todos los días?

Entre tanto, la señora ministra de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, Ana María Choquehuanca, no concibe mejor acción que viajar al Segundo Diálogo Global para la Felicidad en Dubái, Emiratos Árabes Unidos; es decir, en un país donde, por lo demás, la situación de la mujer se encuentra notoriamente disminuida. Choquehuanca acude dizque para conseguir fondos para un centro de rehabilitación, como si el Estado peruano no tuviera el dinero para este tema.

Tanta frivolidad resulta insultante para una ciudadanía que quiere respuestas y soluciones a un tema de elemental dignidad humana.


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