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Opinión


25 Junio, 2017.

Amancae-Ttita, 24 de junio de 1930

¿Cómo se celebró el Día del Indio hace 87 años?                       

Michel Laguerre Kleimann

| Columnista invitado

Hace 87 años se presentó en la pampa de Amancaes, con ocasión del Día del Indio, la leyenda coreográfica “Amancae-Ttica”. La fiesta de San Juan organizada por la municipalidad del Rímac acogió esta representación escrita por el teniente primero Teodosio Cabada Porras, edecán de Augusto B. Leguía, quien había instaurado el 24 de junio como Día del Indio.

Un ejemplar del texto se encuentra en la Biblioteca Nacional del Perú: se trata de una obra brevísima cargada de mensajes propios de la naturaleza humana, algunos por aprender al día de hoy. Consta de tres actos, siendo el primero donde se presentan Kuis-Mancu, soberano del valle del Rímac, el curaca rival y ambicioso Paramanku, el guerrero Carampuna y la princesa Amancae-Ttica, “cuya belleza y dones en este y otros valles prendó los corazones”.

Paramanku ofreció la paz al rimense con la condición que le permitiera desposar a su hija. La negativa de este se fundamentó en que Amancae-Ttica se casaría con un bravo guerrero del valle. Y los temibles tambores de guerra comenzaron a sonar. Entre los bravos guerreros se encontraban los soberbios y frívolos hermanos Yunacc y Yana Soncco, quienes no carecían de riquezas y aspiraban al amor de la princesa pensando que sus tesoros la conquistarían. Sin embargo, la bella Amancae había decidido por el valiente pero pobre guerrero Carampuma, quien le había declarado: “Nada valgo, pobre es mi suelo, ningún tesoro puedo ofrendar, pero, princesa, grande es mi anhelo de hacerme digno de tu mirar […]”. Ella atinó a responderle: “[…] si esa es la causa de tu quebranto, canta triunfales himnos de amor […] lo cierto que te amo tanto como princesa jamás amó”.

En el segundo acto se preparaban para la batalla. Los hermanos Soncco pelearon entre ellos por demostrar quién de los dos merecía el amor de la princesa. Llevaron a las fuerzas del Rímac a una lucha fratricida que permitió a Paramanku sentarse en el trono de piedra de su rival. Conocida lección sobre la prevalencia de los intereses propios por sobre los de la comunidad. Algo muy peruano.

Los apresados Kuis-Mancu y Carampuma esperaron el amanecer para arder en la hoguera que prolongaría con su luz el día victorioso de sus enemigos. Sin embargo, ya en el acto III las danzas y cantos orgiásticos productos de la euforia y la embriaguez de los de Paramanku fueron interrumpidos ante la aparición de los hombres del Rímac, quienes sobre “una lona de amancaes, cubiertos de estas flores surgen de pronto […] Son los pescadores ribereños que Amancae-Ttica ha ido a buscar” para liberar a su padre y a su amado. Nótese la conexión con lo marítimo.

Estos hombres estaban dirigidos por un guerrero enmascarado. El triunfo se concretó. El “valeroso y magnífico” salvador se enfrentó cuerpo a cuerpo con el usurpador. Ambos se atravesaron con sus azagayas iniciando su viaje al infinito. Es en ese momento es que “el guerrero del Rímac se despoja de su máscara y de sus arreos floridos” apareciendo la dolida y preciosa figura de Amancae-Ttica, quien se dirigió tambaleando donde su ahora libre padre para caer a sus pies.

Sobreponiéndose al dolor e imbuido dentro de su investidura de curaca, Kuis-Mancu “ahoga su dolor de padre para celebrar el triunfo de su pueblo”.


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