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Almagro, perseguido político

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El reconocimiento que niegan al embajador sus compatriotas del gobierno uruguayo hoy se lo otorgan todos los demócratas del hemisferio y especialmente quienes resisten en Venezuela y Nicaragua las embestidas de la represión.



El secretario general de la OEA, embajador Luis Almagro, hace historia al defender con firmeza los valores democráticos, las libertades y los derechos humanos en la región. Hoy resiste amenazas y agravios de gobernantes acostumbrados a violentar esos principios e intimidar a quien les haga frente.

Su antecesor, el político chileno José Miguel Insulza, fue sistemática e infamemente avasallado por el padre el Socialismo del Siglo XXI: Hugo Chávez. Cuando en 2007 sostuvo que preocupaba que el gobierno retirara la licencia de Radio Caracas Televisión, el dictador respondió: “Doctor Insulza, Venezuela es libre […] Váyase con su insulsería a otro lado […] Vaya que es bien pendejo el doctor Insulza, un verdadero pendejo de la pe hasta la o”. Y cuando en 2010 calificó de inaceptable que el general venezolano Henry Rangel Silva –acusado de narcotráfico y colaborar con la guerrilla de las FARC– manifestara que no aceptarían un régimen opositor, Chávez replicó que su puesto “no digamos que es para un inútil […] pero es un cargo anodino, devaluado […]El señor Insulza ha vuelto a dar lástima […] No seas tan insulso, Insulza. Una persona con ese cargo no debería dejarse manipular. Insulso, irresponsable, indigno”.

La escalada de agravios provenientes del fallecido matón-jefe de Estado, primer responsable de la catástrofe humanitaria de su país, continuó el 2011 cuando el representante de la OEA expresó su preocupación porque el Congreso autorice al jefe de Estado a gobernar por decreto durante dieciocho meses. Su réplica fue  otra grosería: “Al señor Insulza le voy a responder, de aquí en adelante, como Cantinflas: yo a usted ni lo ignoro porque lo que da es vergüenza”.

Luis Almagro Lemes, hijo de campesinos, diplomático de carrera, embajador en China y cinco años ministro de Relaciones Exteriores del presidente José Mujica, alcanzó la Secretaría General de la OEA el 26 de mayo del 2015. Sus primeras acciones estuvieron dirigidas a demandar la presencia de observadores en las elecciones venezolanas y a que miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos viajen a ese país para investigar múltiples denuncias de asesinatos, torturas y encarcelamiento de opositores, pedidos que no solo recibieron el portazo de la negativa sino los habituales insultos de Maduro y camarilla. Lo llamaron ladrón, sirviente del imperialismo, traidorcillo, inepto, basura humana y otros calificativos que proyectan el cerebro necrosado y el alma negra de sus agresores.

La respuesta de Almagro fue recibir a los líderes de oposición y a los familiares de víctimas de la dictadura. Además, presentó un informe de 400 páginas elaborado por un panel de expertos sobre crímenes de lesa humanidad cometidos por el régimen venezolano, documento que luego derivaron a la Corte Penal Internacional para que investigue y procese a los responsables de esos delitos. Recientemente, ha demandado que el Consejo Permanente de la OEA considere la aplicación de la Carta Democrática no solo al gobierno de Venezuela sino también al de Nicaragua, responsable de 400 asesinatos y otros ilícitos de extrema gravedad.

Sin embargo, como dice el dicho: “Nadie es profeta en su tierra”. Lo recuerdo ahora porque en su patria, Uruguay, no ha sido apoyado en su excelente labor humanitaria y democrática, sino que es frecuentemente objeto de reproches de su propio grupo político, el Frente Amplio. Por combatir a Maduro, el expresidente José Mujica le dijo en junio del 2016 “Lamento el rumbo por el que enfilaste y lo sé irreversible, por eso ahora te digo formalmente adiós y me despido”. Luego, siguió atacándolo por denunciar la dictadura chavista. En setiembre del 2018 el actual mandatario, Tabaré Vasquez, anunció que no apoyarían su reelección y el 15 de diciembre –completando el círculo represivo– fue expulsado de su agrupación.

Recordemos que el Frente Amplio es una suma de diversos partidos, en la que tiene gran peso el Partido Comunista. En su programa defienden el aborto, la eutanasia, el matrimonio entre personas del mismo sexo y que puedan adoptar hijos, así como el cambio de nombre en las libretas de los transgéneros. Además, junto al Frente Sandinista de Daniel Ortega integran al desprestigiado Foro de Sao Paulo, liderado por Lula y  financiado por Odebrecht y otras empresas constructoras brasileñas.

Pero el reconocimiento que niegan al embajador Almagro sus compatriotas del gobierno uruguayo hoy se lo otorgan todos los demócratas del hemisferio y especialmente quienes resisten en Venezuela y Nicaragua las embestidas de la represión.

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