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Opinión


26 Septiembre, 2017.

“Algo se pudre” en Alemania

"Alternativa para Alemania”, partido de extrema derecha, ha obtenido una contundente votación en las elecciones teutonas y por ello ha ingresado con fuerza al Parlamento por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial.

Germán Jiménez Borra

| Columnista invitado

“Algo se pudre en Dinamarca” (“something is rotten in the State of Denmark”) es la frase que el príncipe Hamlet escuchó decir a uno de sus centinelas antes de que apareciera el fantasma de su padre —rey de Dinamarca— para informarle que acababa de ser asesinado por su hermano para usurparle la corona y que da inicio a la célebre obra La Tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca, de William Shakespeare.

Actualmente se utiliza cuando se percibe una amenaza ante una situación determinada. Y es lo que ocurre ahora con “Alternativa para Alemania”, partido de extrema derecha cuyo principal programa es el rechazo al euro y al rescate económico a los países periféricos (así como la restitución del marco alemán como moneda nacional), que ha obtenido una contundente votación en las elecciones teutonas y por ello ha ingresado con fuerza al Parlamento Alemán por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial.

Lo cierto es que, a treinta años de la caída del muro de Berlín, los resultados no fueron los esperados. Los pobladores del este de Alemania son cada día más pobres y producto de esta frustración la extrema derecha ha sido el segundo partido más votado en lo que era la antigua Repúblics Democrática Alemana.

Hoy ya no es el odio a los judíos sino a los musulmanes y a la influencia del Islam sobre su sociedad. Empieza a crecer cada vez más una peligrosa xenofobia que nos hace recordar los inicios del Nacional Socialismo Nazi de Adolf Hitler y que genera inquietud ad portas del cuarto mandato de Angela Merkel como canciller y cabeza del debilitado partido Unión Democrática Alemana.

Es conocido que Alemania ha sido ejemplar al tratar su memoria histórica respecto a la Segunda Guerra Mundial, pero el regreso de la ultraderecha demuestra que no ha sido suficiente. Se viene un fuerte giro emocional en la política no solo de ese país sino de Europa en general.

La historia nos ha demostrado que el descontento y la apatía es nutriente de falsos nacionalismos —ya pasó en 1933 cuando contra todo pronóstico Hitler fue nombrado canciller—. Quisiera equivocarme, pero realmente parece que “algo se pudre” en Alemania.