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Opinión


9 Enero, 2018.

¿Acaso no eran premios de cine?

Hoy nadie habla de las películas ni de los actores o directores, ni siquiera de los espectaculares números musicales a los que nos tenían acostumbrados estas ceremonias: ahora solo importan los discursos de los actores-militantes, cada uno preocupado por parecer más políticamente correcto que el otro.

Invitado

| Columnista invitado

Cada día más y más, Hollywood se empeña en convertirse en la meca del progresismo y de la corrección política. Atrás quedaron las épocas en que las entregas de premios privilegiaban al denominado séptimo arte, el cine, y no a la política. Hoy nadie habla de las películas ni de los actores o directores premiados, ni siquiera de los espectaculares números musicales a los que nos tenían acostumbrados estas ceremonias. No, qué va, ahora solo importan los discursos de los actores-militantes, cada uno preocupado por parecer más políticamente correcto que el otro.

Sin duda siempre hubo un toque político en estos eventos, pero se trataba solo de eso: de un toque, que se efectuaba con humor y no daba lugar a las interminables y apabullantes monsergas llenas de atosigante moralina que escuchamos en estos tiempos.

Que la estrella de la noche en la reciente entrega de los Globos de Oro haya sido Oprah Winfrey —la multimillonaria empresaria, presentadora de programas de televisión y activista—, con un discurso netamente político que al parecer le estaría franqueando una posible candidatura a la presidencia de los Estados Unidos por el Partido Demócrata, es un claro indicativo de lo que se viene. El cine pasa a segundo sino a tercer plano, y la política con contenido netamente progre —no podía ser otro— toma su lugar.

Ad portas de la entrega de los premios Oscar de la Academia poco importa la calidad del cine americano (cada vez más venido a menos por cierto): la expectativa se centra no en las películas nominadas, sino en cuál discurso de presentación o recepción de un premio será el más incendiario. ¡Ah, me olvidaba! Solo compite con ello qué vestido o traje de diseñador usarán las estrellas en la alfombra roja. Una combinación de corrección política y cierto toque muy “chic”.


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