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Opinión


27 Enero, 2018.

A treinta y cinco años de Uchuraccay

Estos héroes ejercieron un periodismo de raza: fueron a buscar la verdad y a escuchar al pueblo y lamentablemente fueron víctimas de ese mismo pueblo.

El país antes y después de Uchuraccay. La ANP nos invitó a la conmemoración de los treinta y cinco años pasados de ese nefasto 26 de enero de 1983, cuando ocho periodistas fueron asesinados en las altas tierras de Uchuraccay en Ayacucho. Un acto emotivo y profundo en el Congreso de la República junto a una excelente exposición de Hugo Coya, el que dimos y recibimos un mensaje no solo de recuerdo sino de compromiso ante el drama nacional que significó ese absurdo sacrificio de ocho periodistas, jóvenes, alegres, con la vida por delante, autoinvestidos de la sagrada misión de encontrar la verdad aunque les costara como les costó lo más valioso que fue su vida.

No sabían entonces que la guerra interna, de la que ellos fueron heroicos protagonistas, duraría tanto: dos décadas sangrientas. Ni sabíamos que recién estaba empezando. Había pasado menos de dos años de la declaratoria de guerra por SL al Estado peruano. Tampoco sabían que el lugar donde iban era una zona salvaje, en la que el enemigo podía salir de cualquier lado y podía ser cualquiera. Ni siquiera se conocía la dimensión de SL ni la prensa estaba cierta sobre sus modalidades de combate.

Fueron los periodistas Eduardo de la Piniella, Jorge Sedano, Amador García, Luis Mendívil, Félix Gavilano, Pedro Sánchez, Octavio Infante y Willy Retto y su guía, Juan Argumedo, cuyas familias estuvieron presentes en la ceremonia con el orgullo y la pena acumuladas. La tragedia de Uchuraccay sigue conmocionando a la nación con un real y legítimo dolor que, sin embargo, puede ser insuficiente para mirar de frente las carencias de un país que es una caldera bajo presión. Por eso, antes como ahora, la búsqueda de la verdad y la conexión con la rabia e indignación profundas de nuestros pueblos del interior, sigue siendo una misión que toma a su cargo el periodista sensible y comprometido con ese país democrático e igualitario que todavía no es el Perú.

Ahora se sabe exactamente qué pasó y cómo. Excelentes trabajos de investigación fueron complementados por la indagación de la CVR. Fueron los comuneros de Uchuraccay quienes mataron a los periodistas, en medio del miedo, el alcohol y un ánimo colectivo exacerbado por violencias en curso y muertes recientes. Los Héroes de Uchuraccay ejercieron un periodismo de raza: fueron a buscar la verdad y a escuchar al pueblo y lamentablemente fueron víctimas de ese mismo pueblo.

Un desencuentro fatal que no desvaloriza el periodismo de compromiso, de virtud esencial para reencontrar lo mejor que nuestra profesión nos deja en el corazón y en el espíritu.


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