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Opinión


22 Septiembre, 2018.

A parar el desgaste, Keiko Fujimori

¿Por qué se insiste en una actitud tan confrontacional con el Ejecutivo respecto a un tema casi académico, devenido en populista, que no suma si se compara con todos los problemas que agobian al país?

Muy extraño que el congresista fujimorista César Segura presente un proyecto de ley para restituir la bicameralidad –que propone aumentar el número de congresistas a sesenta senadores y ciento treinta diputados– cuando, en simultáneo, la lideresa de su partido ha ratificado su convicción de mantener la unicameralidad. ¿Qué pasó, congresista? ¿Contradiciendo a la jefa en un tema tan sensible?

Además, el proyecto propone la renovación del Parlamento por mitades, lo cual implicaría tener elecciones congresales cada treinta meses. Esta propuesta es recurrente desde hace muchos años, pero no ha ameritado el suficiente debate ni análisis para implementarla. En todo caso, nuestras instituciones y partidos políticos –los pocos que existen sirven, en su mayoría, de vientre de alquiler– hoy son muy débiles y difícilmente están preparados para soportar este sistema. Debería formar parte de una reorganización integral.

La señora Fujimori sostiene que el Parlamento unicameral es más eficiente, y tiene la capacidad de revisar y aprobar normas con una mayor celeridad. La rapidez tiene que ir acompañada de calidad, y esa es exactamente la tesis que ha sostenido Fuerza Popular para revisar –con demasiada calma– los cuatro proyectos de reforma política presentados por el presidente en el mes de agosto pasado: que fueron el detonante de esta costosa crisis.

Además, sin perjuicio de que 130 congresistas constituyen una infrarrepresentación para 30 millones de peruanos, dos cámaras con igual número de representantes, la división de funciones y las diferentes prerrogativas de cada una sin lugar a duda dotarán de mayor eficiencia a la labor legislativa. Ahora bien: todos somos conscientes de que si no hay un cambio radical en las calidades personales y profesionales de nuestros políticos –vale decir, si en unas próximas elecciones volvemos a ver a las Yesenias Ponce o a los Benicios Ríos– no habrá cambios que funcionen.

Finalmente, no entiendo por qué la señora Fujimori insiste en una actitud tan confrontacional con el Ejecutivo respecto a un tema casi académico, devenido en populista, que no suma si se compara con todos los problemas que agobian al país. El desgaste político es inmenso al ser percibida como una oposición necia y sin fundamento.

Habría que recordarle a Keiko que la frialdad es un importante activo en política, y que hay veces en que es necesario retroceder para avanzar. Lo mejor hubiera sido convertirse en la mayor promotora de la reforma política, lo cual hubiera servido para bajar el tono cada vez más vociferante de sus enemigos y desestabilizarlos.


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